Cuando el derecho vence a la moral

18/09/2017

Por Abril Uscanga Barradas – 18/09/2017


La injusticia extrema no es derecho


Gustav Radbruch


El gobierno de los Estados Unidos de América, dirigido por el presidente Donald Trump, en un ejercicio de autoridad ha tomado una decisión que rompe con la moral al suprimir el programa Deferred Action for Childhood Arrivals (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), más conocido por sus siglas en inglés DACA. Este programa se puso en acción a través de una orden ejecutiva del Presidente Barack Obama y ha permitido, hasta ahora, residir en E.E.U.U. a cientos de miles de inmigrantes latinoamericanos, quienes ingresaron ilegalmente en el país siendo niños, acompañando a sus padres, sin ser conscientes de lo que implicaría el dejarlo todo para volver a empezar una vida, buscando el gran sueño americano.


Aquellos niños sacrificaron, sin poder decidir al respecto por su corta edad, su vida anterior, sus lazos familiares, sus tradiciones, la identidad con su pueblo, sus amigos, incluso su idioma, la única realidad que conocen es la de ser migrantes, enfrentados a grandes adversidades, que poco a poco fueron superando y, en muchas ocasiones, tuvieron que diluirse y desdibujar sus orígenes para reinventarse ante la nueva realidad, creando así el mundo de los dreamers.


Los niños de aquel entonces ahora son adultos jóvenes, o están por serlo, y el anuncio de la supresión del programa DACA les presenta un gran golpe que violenta la dignidad y pone en peligro la estancia y situación migratoria de todos ellos. Esto representa una injusticia a todas luces que hace que no podamos quedarnos callados ante el dolor del otro que sigue siendo el nuestro.


Los medios de comunicación, redes sociales, ex-presidentes y líderes de Apple, Facebook, Microsoft, han insistido en el tema, oponiéndose a la determinación del actual presidente, quien cumplió la amenaza realizada en su campaña electoral de terminar con el DACA, y no es para menos, esta decisión tendrá trágicos efectos y dañará irreversiblemente a los inmigrantes que, a pesar de tener una vida hecha, se enfrentarán ante el desplazamiento territorial del que ellos consideran su país, su realidad y su hogar.


Los dreamers han sacrificado inconscientemente mucho en el pasado, y ahora tienen que sacrificarse conscientemente para no ser delincuentes en un país al que le han entregado todo, ese país que ahora les considera como una amenaza y que busca su deportación hacia un lugar que les es desconocido, al que no entienden, del que dudan, en el que tendrán que empezar de cero; ese otro país al que a veces sólo conocen porque está escrito en un papel que fue su lugar de nacimiento, pero que no tienen claridad en relación a cómo conectarse con él.


El miedo de los dreamers también es por la incertidumbre ante las circunstancias que se puedan presentar en los países en los que nacieron, el recibimiento que tendrán, el rechazo social, la inseguridad ante las oportunidades laborales, la falta de calidad de vida, la violencia, en general, todo lo que representaba la vida de la que huían sus padres, quienes dejaron todo para darles mejores oportunidades a ellos.


Suena muy fácil justificar desde el aspecto legal el terminar con el DACA y, por otro lado, qué complejo es comprender a profundidad el dolor que representa para estos jóvenes el volver a dejarlo todo, convirtiéndose en apátridas de identidad, ya que viven ante la dualidad de lo que dice un papel que ellos son y lo que ellos desean ser.


Estos jóvenes también representan el futuro de los E.E.U.U. y su única esperanza está en el Congreso, el que debe concretar en los próximos meses la situación de los dreamers, lo que definirá en gran medida el futuro de las políticas de aislamiento y nacionalistas que se han hecho patentes a través del que se reconoce como uno de los países potencia del mundo.


Señores Congresistas, Presidente, miembros del sistema de impartición de justicia y ciudadanos de América del Norte, comprendan que de no emitir leyes de protección necesarias para los dreamers, estarán perdiendo a sus mejores recursos, a los que sueñan por ustedes en una mejor nación; al final, en el recuento de los daños, ustedes estarán perdiendo a jóvenes valiosos y preparados; recapaciten y entiendan que los dreamers son tan nuestros como de ustedes.




Abril Uscanga BarradasAbril Uscanga Barradas é Maestra y Doctora en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ambos grados otorgados con mención honorífica. Profesora Titular Interina en la licenciatura de la Facultad de Derecho y profesora en la maestría del Posgrado en Derecho de la UNAM. Integrante del Padrón de Tutores de la Maestría y Doctorado del Programa de Posgrado en Derecho de la UNAM. Autora de diversos textos jurídicos en temas relacionados con: Derecho Internacional Público, Protección de los Derechos Fundamentales, Filosofía del Derecho y  Filosofía Política y Democracia, principalmente. Ponente y Directora Académica en diferentes eventos jurídicos de carácter tanto nacional como internacional. Ha participado como Juez en la calificación de memoriales en el Inter-American Human Rights Moot Court Competition, celebrado en el Américan University, Washington College of law. Colaboradora Honorífica de la Universidad de León, España, desde 2013. Ha realizado diversas estancias de investigación en las Universidades de Buenos Aires Argentina, Universidad Carlos III de Madrid y Universidad de León, España. Coordinadora de la Revista del Programa de Posgrado en Derecho de la UNAM. Galardonada con la Cátedra Extraordinaria “Salomón González Blanco” de la Facultad de Derecho de la UNAM, en 2015.




Imagem Ilustrativa do Post: Immigrants // Foto de: John Mitchell // Sem alterações


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O texto é de responsabilidade exclusiva do autor, não representando, necessariamente, a opinião ou posicionamento do Empório do Direito.




 

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