Derecho a través de la literatura. A propósito de ‘Madame Bovary. Costumbres...

Derecho a través de la literatura. A propósito de ‘Madame Bovary. Costumbres provincianas’ – Por José Calvo González

Por José Calvo González – 17/05/2017

A Propósito de Madame Bovary. Costumbres provincianas

Sobre la dignidad del ejecutado hipotecario
(Del Embargo y Traba de Bienes del deudor)

“(…) Lheureux se sentó en su amplio sillón de paja diciendo:

‑¿Qué hay de nuevo?

‑Tenga.

Y le enseñó el papel.

‑Bueno, ¿qué puedo hacer?

Entonces Emma se enfureció, recordando la palabra que él le había dado de no endosar aquellos pagarés; él lo reconoció.

‑Pero yo mismo me he visto obligado, estaba con el agua al cuello.

‑¿Y qué va a pasar ahora? ‑replicó ella.

‑¡Oh!, es muy sencillo, un juicio del tribunal, y después el embargo…; ¡no hay nada que hacer! (…)”

Figurines de 1857

Figurines de 1857

“(…) Al entrar en su casa, Felicidad le enseñó detrás del reloj un papel gris. Emma leyó:

«En virtud de traslado, en forma ejecutoria de una… senten­cia…»

¿Qué sentencia? En efecto, la víspera, habían traído otro pa­pel que ella no conocía; por eso quedó estupefacta ante estas palabras:

«Requiriendo en nombre del rey, la ley y la justicia, a Mada­me Bovary…»

Entonces, saltando varias líneas, vio:

«En un plazo máximo de» ‑‑¿cómo, pues?, ¿así?‑. «Pagar la suma total de ocho mil francos.» E incluso más abajo, se leía:

«Será apremiada por toda vía de derecho, y especialmente por el embargo por vía ejecutiva de sus muebles y efectos.»[1]

¿Qué hacer?… Tenía un plazo de veinticuatro horas: ¡maña­na! Lheureux, pensó, quería sin duda darle otro susto; pues ella adivinó de pronto todas sus maniobras, el objetivo que buscaba con sus complacencias. Lo que la tranquilizaba era la exageración misma de la cantidad.

Sin embargo, a fuerza de comprar, de no pagar, de pedir prestado, de firmar pagarés, de renovar aquellos pagarés, que se inflaban a cada nuevo vencimiento, Emma había terminado proporcionando al tal Lheureux un capital, que él esperaba im­pacientemente para sus especulaciones.

Se presentó en casa del tendero con aire desenvuelto.

‑¿Sabe lo que me pasa? ¡Seguramente que es una broma!

‑No.

‑¿Cómo es eso?

‑Él se volvió lentamente, y le dijo cruzándose los brazos:

‑¿Pensaba usted, señora mía, que yo iba, hasta la consuma­ción de los siglos, a ser su proveedor y banquero? ¡Por el amor de Dios! Tengo que recuperar lo que he desembolsado, ¡sea­mos justos!

Ella protestó de la cuantía de la deuda.

‑¡Ah!, ¡qué le vamos a hacer!, ¡el tribunal lo ha reconoci­do!, ¡hay una sentencia!, ¡se la han notificado! Además, no soy yo, es Vinçart.

‑¿Es que usted no podría…?

‑¡Oh, nada en absoluto! (…)”[2]

*  *  *

The Center of Attraction (s.d.), Hubert Denis Etcheverry (1867–1950)

The Center of Attraction (s.d.), Hubert Denis Etcheverry (1867–1950)

“Estuvo estoica al día siguiente cuando el Licenciado Ha­reng, el alguacil, con dos testigos, se presentó en su casa para levantar acta del embargo[3].

Comenzaron por el despacho de Bovary y no registraron la cabeza frenológica, que fue considerada como «instrumento de su profesión»[4]; pero contaron en la cocina los platos, las ollas, las sillas, los candelabros, y, en su dormitorio, todas las chu­cherías de la estantería. Examinaron sus vestidos, la ropa inte­rior, el tocador; y su existencia fue apareciendo, hasta en sus rincones más íntimos, como un cadáver al que hacen la autopsia, expuesta, mostrada con todo detalle a las miradas de aque­llos tres hombres.

El Licenciado Hareng, enfundado en una fina levita negra, de corbata blanca y con trabillas muy estiradas, repetía de vez en cuando:

‑¿Me permite, señora?, ¿me permite?

Frecuentemente hacía exclamaciones:

‑¡Precioso! …. ¡muy bonito!

Después volvía a escribir mojando su pluma en el tintero de asta que sujetaba con la mano izquierda.

Cuando terminaron con las habitaciones subieron al desván.

Allí guardaba ella un pupitre donde estaban cerradas las car­tas de Rodolfo. Hubo que abrirlo.

‑¡Ah!, una correspondencia ‑dijo el Licenciado Hareng con una sonrisa discreta‑. Pero permita, pues tengo que comprobar si la caja no contiene algo más.

E inclinó los papeles ligeramente, como para hacer caer los napoleones. Entonces ella se indignó viendo aquella gruesa mano, de dedos rojos y blandos como babosas, que se posaba sobre aquellas páginas donde su corazón había latido.

Por fin se fueron. Volvió Felicidad. Emma la había mandado que estuviese al acecho para desviar a Bovary; a instalaron rápidamente bajo el tejado al guardián del embargo[5], que juró no moverse de allí.

Aquella noche Carlos le pareció preocupado. Emma lo espiaba con una mirada llena de angustia, creyendo ver acusaciones en las arrugas de su cara. Después, cuando volvía su mirada a la chimenea poblada de pantallas chinas, a las amplias cortinas, a los sillones, en fin, a todas las cosas que habían endulzado la amargura de su vida, le entraba un remordimiento, o más bien una pena inmensa que exacerbaba la pasión, lejos de aniquilarla. Carlos atizaba el fuego plácidamente con los dos pies sobre los morillos de la chimenea.

Hubo un momento en que el guardián, aburrido sin duda en su escondite, hizo un poco de ruido.

¿Andan por arriba?, dijo Carlos.

No, contestó ella, es una buhardilla que ha quedado abierta y que mueve el viento(…)”[6]

Madame BovaryMoeurs de province (1857)

Gustav Flaubert

Gustav Flaubert
(Ruan, Alta Normandía, 1821- Croisset, Baja Normandía, 1888)


Notas e Referências:

[1] Vd. arts. 42-103 Ley Hipotecaria (2004). Art. 42.2: “El que obtuviere a su favor mandamiento de embargo que se haya hecho efectivo en bienes inmuebles del deudor…”. La vigente Ley Hipotecaria presenta en este precepto una redacción diferente a aquella con que figuraba en Ley Hipotecaria de 1861, donde se mencionaba al que en juicio ejecutivo obtuviere mandamiento de embargo. Ya también la reforma de 1946 se separó de la antigua redacción. El art. 140 del Reglamento Hipotecario concretó expresamente que la anotación procedía en todo caso de embargo, fuese éste preventivo o ejecutivo, decretado en cualquier clase de juicio e, incluso, en procedimiento administrativo de apremio.

[2] Gustav FlaubertMadame Bovary, ed. y trad. de Germán Palacios, Madrid: Eds. Cátedra (col. Mil Letras), 2008, Tercera Parte, cap. VI, pp. 367- 368 y 374- 375.

[3] Debe anotarse que incluso el art. 1447 de la antigua LECv. (1881) prohibía al ejecutor embargar, sin más, cualquier bien que perteneciera al deudor ejecutado.

Sobre autorización de entrada en domicilio para proceder a la traba de bienes del deudor, vid. STSJA, Sala de lo Contencioso-Administrativo, de 3 de Febrero 2003, Recurso nº 445/2002, señalando que en la existencia de adecuaciónentre dicha entrada y la finalidad de referencia, no podrá ser tildada de desproporcionada, ya que esa condición no cabe residenciarla en la falta de concreción del número de personas que deben entrar en el domicilio ni la hora exacta para su práctica, sino cuando no sea de apreciar la debida equivalencia entre el fin, ejecución de una resolución firme, y el medio, autorización judicial, y la necesariedad de su solicitud. En el supuesto de autos junto a la autorización se imponía a la administración la obligación de dar cuenta de su efectivo cumplimiento en aspectos tales como día de su práctica, así como de la hora de su comienzo y fin.

[4] La consideración como bienes inembargables « insaisissables » de los « instruments de travail nécessaires à l’exercice personnel (d’une) activité professionnelle », se encuentra igualmente recogida hoy en el art. 39 Décret de 31 de julio 1992. Nuestra LECv. establece el mismo régimen para esta clase de bienes; la innebargabilidad de los bienes muebles (libros e instrumentos) destinados al ejercicio profesional (art. 606.2 LECv.) trata de posibilitar la continuación del ejercicio profesional del ejecutado, que es de donde normalmente proceden los ingresos del mismo y su familia

En la Ley General Tributaria, art. 169, para el orden de embargo, los ordinales antepenúltimo y penúltimos operan la prelación [art. 169. 2 g) y h)], respectivamente, de metales preciosos, piedras finas, joyería, orfebrería, antigüedades y objetos de valor histórico o artístico regulados por el art. 91 del Reglamento General de Recaudación (7º); los bienes muebles y semovientes (arts. 170.4 Ley General Tributaria y art. 92 Reglamento General de Recaudación). En el embargo rigen siempre los principios de proporcionalidad, suficiencia, sucesividad, facilidad de enajenación y menor onerosidad, y subsidiariedad (orden de embargo)

[5] En el original gardien de la saisie. Tal figura ha desaparecido en la actualidad, siendo ahora el propio embargado quien se convierte en “guardián” de los muebles que le han sido incautados, sin que desde que habiéndole sido formalmente hecha la notificación del embargo pueda ya disponer de ellos, quedando inmovilizados (trabados). Con esa calidad de depositario le sería de aplicación el art. 314.6 del Code pénal, donde se sanciona como delito el « détournement d’objet saisi  » por aquel a quien le haya sido confiado su ciudado, preveyendo penas de tres años de prisión y multa de 375.000 €. La LECv de 2008, art. 621 a 628. regula la Garantía de la traba de bienes muebles y derechos.

[6] Gustav FlaubertMadame Bovary, ed. y trad. cit., Tercera Parte, cap. VII, p. 377.


Publicado anteriormente em https://iurisdictio-lexmalacitana.blogspot.com.br/2017/05/derecho-traves-de-la-literatura.html


José Calvo González.
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José Calvo González é Professor Catedrático de Filosofía del Derecho na Facultad de Derecho da Universidad de Málaga (España).
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